La última vez que caminé entre estas calles y avenidas, se solían formar túneles naturales con el follaje de los árboles "oities, cujies o ceibas" ; las estructuras de las ramas sumadas a la fortaleza de los tallos y troncos, se prestaban idealmente para que los jardineros encontrarán los cortes perfectos que permitían embellecer nuestras caminatas nocturnas. Y así queda en nuestro recuerdo el contraste de las ramas con las luces de colores ofrecidas por los faroles cuando iluminaban con la luna o del contraste de la sombra atravesada por los cálidos rayos del sol.
Treinta y dos grados centígrados y aún así no se sentía el calor bochornoso. Calor sí y del bueno, no cabe la menor duda; pero de ese que ahoga y desalienta, ¡no!. Nuestro calor era más bien un calor fascinante, propio del calentano cucuteño, ese calor que nos identifica alegres, mamagallistas, alborotaos, alteraos, relajaos, ese calor mezclado con viento y sol, que engendra gente rápida y presurosa, que camina afanada por la vida valiéndole huevo los compromisos, olvidándose rápido de los problemas, de ese viento que arrastra el sol y motiva a gritar cuando discutimos para terminar diciendo -es que yo habla así y no estoy gritando-... Sí, no puedo hablar del calor sin citar a los arboles de Cúcuta, a sus vientos, su sol y los amañadores faroles que entre la sombras se exhalaban frescura; los enormes árboles danzaban agraciados con el viento, mientras que él jugaba alegre entre las ramas, ese viento bailaba todo el día y lo hacía con más fuerza entre las 10:00 am a 11:00 y entre las 3:00 a 4:00 de la tarde. ese travieso corría libre por todos los rincones y levantaba el polvo de las calles revistiendo las casas con una fina capa. ese viento abrazaba los días y acariciaba los cuerpos con brisas frescas, para demostrar que esta tierra... Era tierra sagrada, Motilona y bendita. Cúcuta, La ciudad de los arboles.
La sirena en la estación de los bomberos, cantaba a las mismas horas y a todo pulmón para anunciar la llegada del medio día igualmente el final de la la tarde; Sagrada y puntualmente a las 12:00 pm y a las 6:00 pm cantaba y con ese canto crecimos ¿Para qué reloj ni que ocho y cuartos? si con su aullido nos guiábamos.
Conteníamos la respiración y al oírla liberamos el espíritu. En el colegio, la última hora de clase solían ser las más tortuosa y ese instante se hacían eterno al ser anunciado con el particular canto; en especial si los profesores estaban revisando tareas o había evaluación.
La sirena era un recuerdo de la segunda guerra mundial y siempre sonó desde que la instalaron hasta el día que la antigua estación de bomberos cerró las puertas para dar paso con sus terrenos a un lujoso hiper centro comercial, exactamente por la calle 10 entre la diagonal santander y la avenida cero. justamente tras las oficinas de telecom, ah cierto TELECOM tampoco existe. ¿Dónde estarán los sueños?, ¡Se los robaron! y todos calladitos, callados que no ha pasado nada, ¡nada pasa sino que se va! como se va el alumbrado publico, como los terrenos fueron privatizados, como se fue el acueducto, hasta los hierros del canal Bogotá quien fue deteriorado en mano de indigentes los cuales lo volvieron mierda para revender el hierro desenterrado de sus entrañas; por Cúcuta nada pasa sino que se va... ¡Se lo robaron!
Haciendo caso al escorpión, bordee la ciudad, me metí por el Colsag hasta llegar el iconico y abandonado terreno que según contaban mitos urbanos también perteneció a la familia escobar, el centro comercial Cenit en el barrio la Rivera. Lo cierto es que la obra prometió ser el primer y más grande Centro Internacional de Negocios para la ciudad iniciando la construcción a finales de los setenta, con 3 tres y pisos ocupando un promedio de 2 hectáreas; pero este no fue terminado, posteriormente abandonado. Allí se oscurecieron sus pasillos cosa que abonó la oportunidad para convertirse en la morada perfecta de drogadictos y la inseguridad.
Muy sigilosamente corrí , atravece la diagonal para levantar mi cara y apreciar las ruinas de hotel casino Internacional. La grandeza sometida a la barbarie -pensé- Este edificio, brillaba cual diamante en el corazón de la ciudad, Una generación completa sacaba pecho al citar entre las maravillas de la ciudad este emblematico edificio ¿Cuántas decisiones se tomaron allí? ¿Cuántas importantes personalidades convergieron allí? Este centro importante de negocios selló en la historia el gran apogeo de los 70 y 80 pero hoy los cristales decoran el asfalto.
Me dirigí a los Caobos y caminé por la avenida primera este hasta la calle 15. y derechito con dirección al páramo para meterme por esa zona buscando a Cundinamarca.
Al arribar a la loma por donde entro Bolívar a nuestra villa, me senté en el capote de un automóvil fúnebre blanco que estaba abandonado como todo en la ciudad. Recordé con nostalgia una de las clases de octavo grado; en la que el profesor usaba unas gafas que parecían haber sido fabricadas por una empresa botellera en lugar de un Optmetra. EL profe Cote nos relataba cómo el libertador sacó a perder espantadas a las tropas españolas al mando del general Ramón Correa.
Los invasores asustados, creían que el el flaco del caballo Blanco venía en compañía de más de dos mil hombres; Al parecer, tan solo eran unos cuatrocientos criollos contra 800 o más chapetones y eso que más de la mita, venían desarmados. Libertadores hambrientos, flacuchentos y hasta enfermos; Consecuencia propia de sus extensos recorridos en busca de la libertad...
¡Bastaba solo un nombre! El nombre de un magnifico estratega y héroe, bastaba pronunciarlo para que el cielo estallara hablando por Dios. Bastaba el nombre de Bolívar y un disparo escapado accidentalmente de una escopeta para liberar esta empírea villa.
Recordé con orgullo los días en que desfilaban las bandas marciales desde los diferentes barrios de la ciudad y convergían frente al antiguo cañón. Monumento alzado en honor a la significativa fecha. Los alcaldes, alcaldesas, concejales, rectores, politiqueros hasta empresarios sin saber de historia se jactaban celebrando ña fiesta del 28 de febrero de 1813; pero sólo ese único día en el año y eso porque la prensa centraba la atención en el tema, pero para los barrios que rodeaban los monumentos, ni un barrendero era patrocinado; ah bueno, sí se acordaban de los habitantes cuando se requerían votos.
Me bajé del automóvil, bebí un sorbo de la escasa agua que llevaba en el botellero e incline mi cabeza venerando su grandeza. "la Loma Bolívar" Decidí seguir mi camino por la transversal diecisiete “ilustre transversal cuya garganta oxigenaba los extremos hasta el centro de la capital”. Ella, sonrió y se mantuvo firme aunque estereotipada puesto que los habitantes en sus costados, decidieron bailar en su negro asfalto con la violencia”.
Según el escorpión, en esta transversal como en muchas calles claramente identificadas aun le hacían el amor a la muerte como si nada, pero no había más remedio; Aunque descabellada la idea, parecía más sensato y seguro, caminar en medio del peligro y no por entre la soledad del centro, cuyo silencio se apreciaba fantasmal y por ende, se convertía en el lugar perfecto para ser un blanco de cualquier lunático que se ofrecía ser un enemigo a cambio de nada.
El ferrocarril nos recordaba a diario que nuestra tierra tuvo también vía férrea y esta, a diferencia de otras compañías de la época en Colombia era de una empresa de netos colombianos; así como también nos dimos el lujo de plasmar en la historia el primer vuelo comercial cuyo piloto hijo de la tierra Norte Santanderana, nacido en Pamplona voló sobre nuestro valle después de sortear innumerables tropiezos para traer a Cúcuta la maquina a la que bautizó Santander. Camilo Daza, soñó, se preparó y prácticamente piesa por piesa, evadiendo iclusive la dictadura en venezuela de Juan Vicente Gómez, se trajo. Camilo casí al hombro, transportó a nuestra tierra el primer avión comercial, donde solo podrían alzar vuelo 2 pasajeros incluyendo al piloto.
Nuestros ancestros se gloriaron cosechando triunfos en el deporte como el baloncesto meciéndonos con ello el titulo de capital basketbolera. El tren roído nos recuerda que Cúcuta tiene una bonita historia esperando ser desempolvada y contada como de ser.
Por supuesto que el comercio fue de alta importancia para el desarrollo de la perla del norte, la ciudad fronteriza más importante de América Latina; Valiosa no por ser las más rica sino por el significado en cuanto a Política se trata. Una cosa es leerlo y otra distinta vivirlo. Aquí en Cúcuta se orquestaron decisiones claves para América latina empesando con la firma de la constitución de 1821, En el nombre de Dios, Autor y Legislador del Universo, La Constitución de la Gran Colombia oficialmente Constitución de la República de Colombia, la cual fue el resultado del Congreso de Cúcuta del 30 de agosto de 1821, en la ilustre villa del rosario.
Recuerdo claramente aquellos días en los que la tensión imperaba entre Caracas y Bogotá pero igual que siempre: allá nada pasaba; pero allá, a lo lejos no pasaba nada... Aquí pasaba de todo.
Aquí terminábamos en un batido de tensión cargado de incertidumbre, la economía giraba bruscamente, la pobreza pelaba los dientes y a eso le sumamos las neo políticas en las que no se consideraba a la región con los ojos que merece ser mirada un región como la nuestra; A eso le sumamos reformas absurdas ideales para ciudades con economías diferentes, impuestos absurdos, el robo de los recursos, el contrabando reinante...
Por aquellos días el mundo se sentaba en Cúcuta. El mundo entero le sonreía a los patios y saludaba febril con un -Hola Villa del Rosario - mientras reconocían sonrientes a Ureña, le hacían la venia a san Antonio...
El mundo se concentraba en este nudo articulado, en este tropezón vial y comercial... pero allá en el mundo lejos de Cúcuta no pasaba nada pero aquí quedábamos como en un batido, un licuao, vueltos mierda; mejor dicho, aquellos días de dificultad y polarización política, los cucuteños teníamos consuelos que venían en avalancha de conciertos y visita de artistas famosos y reconocidos personajes de talla internacional; de hecho somos cucuteños, sin afanes, calentanos, relajaos, felices ante las nimiedades. Bien citó el reconocido martir y perdiodista Eustorgio Colmenares Baptista cuando en Cúcuta no pasaba nada - “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.
Continuando con mi camino al bajar por Carora me encuentro que El ferrocarril yacía roído por el óxido a unos metros distanciado del lugar en el que le había conocido, abandonado y custodiado por montículos de escombros dejados por el proyecto inconcluso del retorno a atalaya.
El antiguo y abandonado terminal de transporte no era más que ruinas abandonadas y al famoso indio le habían mutilado su glorioso brazo izquierdo; fue torturado y decapitado a manos de los vándalos de paso.
A lo lejos, al borde del cerro norte divisé quien parecía un hombre alto, de cabello negro y rizado; él, al igual que yo se detuvo para apreciar melancólicamente el oriente cucuteño “un valle colorido en nuestra imaginación con un verde enervante” y cual fuera la apuesta frontera con Venezuela.
Desde el cerro se podía pasar por prados del este y san Luis, subir a Torcoroma, ir hacia Aniversario, atravesar La Libertad, La unión, Boconó, perderse vía a Villa Del Rosario y terminar en la parada; pero estoy convencido que nuestros ojos, guiados por nuestros corazones se saludaron en San Antonio con añoranza antes de regresar la mirada a la ensoñable hospitalidad de Ureñá.
Desde el cerro apreciamos la villa de alegres llanuras que en algún tiempo en nuestra historia, también fue bañada por el señorial pamplonita, allí donde solían beber y pastar tranquilamente manadas enteras de cabras y chivos propiedad de los fundadores.
El sol imponente baña la polvorosa tierra que alguna vez fue un esmeraldado valle.... Y ahora, solo edificios en ruinas, viejas casas roídas, destruidas, abandonadas, entristecidas por la desolación.
¡Tenebroso se oye el viento al entonar con su canto el lamento de las madres! Es un sordo grito de dolor dejado en la ecopresencia por las mujeres heridas, que alzaron en sus brazos a sus esposos e hijos mayores, incluso también a sus nietos destrozados, mutilados con signos evidentes de torturas en sus cuerpos sin vida; ¡horrible! ¡Terrible! ¿Quién puede desertarse a semejante realidad?
El silencioso viento al pasearse por las gloriosas avenidas, llora espantosamente cuando se encuentra con el aroma de la sangre seca en el suelo. Gime al reanimar con ello la condena resistida vanamente por las jóvenes madres quienes danzaron en medio de una fiesta de bala, muerte y destrucción celebrada con orgullo por los grandes representantes del pueblo; ellas, solo ellas y nadie más que ellas, se vieron tristemente obligadas a abandonar sus bienes, familias… ¡Todo!… Algunas incluso despidieron a sus bebes aun en llanto y respirando en las manos de la nada, debieron abandonarlos aferrándose a la fe y a la suerte del destino para consolarse. Ellas, con la cruz de los hombres en guerra sumandole peso a las suyas a sus espaldas, ellas son las nómadas eternas por coacción.
¿Que puedo decir?... ¿Qué puedo pensar?... igual que tú, quien lees detenidamente mis notas… ¡Nada! Estoy solo en medio de la nada, resucitando recuerdos que se opacan al atravesárseme esta nube oscura, ¿y qué? ¿Frío? Tal vez sí. Ya me acostumbré a ello por lo que no me horroriza. Así es la vida y así está escrita nuestra historia. Con tinta roja oxigenada. Adelante es hacia al frente de mis ojos.
En cierta ocasión alguien me replicó – Mijo, no llores por la leche derramada – ¡Ja! ¡Que vah! Esto es más que leche para un niño, pero es verdad, debemos continuar y llegar al tanque cóndor, allí nos esperan.