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cucuta, Norte de Santander, Colombia
¡Hola a todos! Soy una persona que siempre ha estado relacionada con el mundo del arte, específicamente en el área escénica, la coreografía y las aulas de clases; Sin embargo, debido a razones personales y económicas, me alejé de las artes y me adentré en actividades comerciales, creando proyectos, empresas y aprendiendo de mis experiencias. Hoy en día, he redescubierto mi pasión por el arte y comprendo que aún tengo mucho por aprender y crecer en este ámbito. Este espacio es una oportunidad para compartir mi experiencia y motivar a otros a seguir persiguiendo sus sueños. ¡Los invito a ser parte de mi blog!

sábado, 30 de marzo de 2019

El tanque, Capitulo 1

Mi aventura vive una vez capturada la atención de quien lee estas letras… En este caso: “Tu atención”… o ¿la mía?... Quizá sea usted, quien ha tomado vida en cada silaba de este texto y haz logrado dibujar con tus propios pensamientos: cada palabra que se reescribe con cada mirada al leer este texto, ¿Confundido? lo estuve… o quizá tomé vida con tu pensamiento y ahora vivo creyéndome el autor. Aquí el oscuro frío de la noche invade libremente los rincones de mi habitación, frío que traspasa sin consentimiento alguno las sabanas para luego, acariciar mi cuerpo en tanto entra en mis venas. Parece como si fuera el peor de los virus que quisiera darme por muerto; y azota sin cordura ni reproche los recuerdos que quiero conservar intactos. Me amenaza con violencia, y me toma por el cuello para no permitirme apreciar las Imágenes eternamente cíclicas, frescas y vigentes en mi memoria… Otra noche y abrazo contra mi cara el esbozo de almohada curtida, ese tumulto de trapos enrollados, y cocidos entre sí, artículo que sirvió para apoyar las cabezas de quienes me precedieron y sus color se camufla con la pared y el piso. De ella se destila un aroma sepulcral pues ha sido perfumada por un rancio hedor que deja el sudor al secarse con el polvo y el pasar de los años... una vez más la abrazo y lo recuerdo a él... Dario... y los granos de azucar empañados brotan del sol oscurecido... y llueve afuera, llueve adentro, llueve en mi alma- suspiro- y grito ahogando mis palabras- grito en mi corazon, grito en silencio- Perdóname Darío ¡Por no regresar! Otra noche, otra más y de nuevo el silencio, toca y entra para quedarse hasta mañana. El silencio, suave silencio me permite observar la nada en la oscuridad y mi mente divaga pensando en lo que estoy pensando y que no debo pensar, y me abstraigo y me pregunto ¿estaba pensando? –¡SÍ!, PENSABA EXACTAMENTE EN VOZ ALTA: PENSABA EN CÓMO VER LO ESTABA PENSANDO Y ME DOY CUENTA QUE PENSABA EN ELLO. afortunadamente no estoy sólo aquí, me acompaña el viejo CONDOR, quien se sienta a mi lado todas las noches y me escucha. A él le encanta escucharme y mí me fascina resucitar con efusividad la anestesiada y moribunda palabra. En este desierto lugar: Ella, la palabra es quien nos da aliento para tolerar las amargas visitas de los guardias y cubrir los espacios en el vacío del encierro - a la fecha no he protestado por que no me han torturado como lo hacen con esas personas quienes gritan todos los días, Pobres…ellos también sufren lenta y cruelmente esta pena. Creo que al cantante de la celda adjunta ya lo obligaron a colgar los guayos. Don Ezequiel, "Quien era un hombre de piel oscura y abundante barba nos contaba continuamente de sus visitas a amigos y esposa en otros planetas” Él, nos confirmó la forzada desaparición del monstruo de la melodía - lo mandaron a colgar los guayos - dijo - ¡Claro! (pensé) ¡Por eso no lo volvimos a escuchar!- Los molestos alaridos que producía al cantar vallenatos, en su ausencia se hicieron sentir, tornandose memorables; por supuesto que nada más en su ausencia, al igual como le suele suceder a todas las gentes, justo ahí descubrimos su valor - ¡Pobre! El hombre no cantaba mal. “Lloraban los muchachos, lloraban los muchachos lloraban los muchachos cuando di mi despedida yo sali del alto, yo sali del alto, yo sali del alto de la india Maria... ¡Esa sí me gusta! – Vuélvala a cantar Carlos Vives … (Entonces el cantante callaba tan repentinamente como le recordaba) luego de un gruñido y una breve pausa murmuraba: -Alejo- ¿Qué? -preguntaba yo - ¡Alejo idiota! - respondía airado - Esa canción es de Alejo Durán - Jajaja- yo reía porque a Carlos Vives le recordaba como escalona debido a la telenovela y fue precisamente una versión de los clásicos de la provincia que me gustaba, así me enamoré de la letra... Pasados los días compredimos por el aterrador silencio que al cantante de la celda adjunta no cantaría más. Y no volvió a sonar, tan solo quedó su voz eterna golpeando las paredes de mi cabeza cuales gaitas y tamboras andinas. dinos cuando vuelves, dinos cuando vuelves dinos cuando vuelves y nos dará consuelo. De repente, el Cóndor me advertía de la presencia enemiga y yo fingía dormir para que nos dejara en paz. pero nuestra estrategia era inútil, pues nos habíamos ganado el boleto sin comprarlo- ¿Otra vez ha dejado la comida sin probar? – Me gritaba un gordo barrigón y ojeroso, el mismo guardia quien abría y entraba a golpes en la celda frente a la nuestra. Al chico que allí dormía, le arrancaba lágrimas y ahogaba sus gritos sin clemencia. Cuando el pelado llegó, gritaba y suplicaba por ayuda que nunca llegaría, en su lugar se ufanaba vioctorioso el síndrome de Estocolmo y con el tiempo esos gritos de dolor y llanto, fueron reemplazados por picaras sonrisas y lamentos de placer. - Si se quiere morir ¡hágalo! Bien que le hace a la sociedad. suicidate, ¡Pero hágalo rápido imbecil!... –Y golpeaba con una macana blanca las rejas de nuestra celda . CONDOR deseaba golpearlo pero se contenía al igual que yo, mientras el guardia continuaba insultándonos. Quienes llegaban nuevos al gran cinco estrellas, debían acostumbrarse, a las malas. En mi caso, el primer día que me molestaron los guardias, hablé directamente con el comandante y en la noche me dieron una paliza extraña, digo extraña por que no me dejaron moretones pero sí quedé bastante adolorido. A la mañana siguiente los acusé con el director, el cual hizo caso omiso a mi queja; entonces, me enfurecí y los mandé a comer mierda. Por supuesto que después de semejante espectáculo, volvieron a molerme a palo y me encerraron quince días en el calabozo, hasta que una señora hermosa, de ojos encendidos, esmeraldados, a quien llamaban doctora, me sacó de allí prendido en fiebre y me llevó a la enfermería. Ella, se parecía a CÓNDOR en cuanto le encantaba escucharme; además la damita, también era bonachona y empesó a llevarnos a un jardín todos los martes por la tarde. pero como al picado de culebra las lagartijas lo asustan y nosotros no eramos la exepción; No confiabamos en ella al principio. Pasaron los martes y más martes... ibamos tanteando el terreno y al sentirnos en confianza con la doctora, empezamos a quejarnos por los abusos de los guardias. ¡Ah! que alivio; Ella sí los reprendía –Ella sí tomaría cartas en el asunto; Entonces la señora nos daba algún dulce para que lo degustáramos al tiempo que salía en busca del pabellonero para hacerle el respectivo llamado atención ¡y lo hacía con dureza!. El condór se enamoró, pero ella nunca hablaba con él, sólo conmigo. A él lo invadían los celos y los ocultaba tras la indiferencia ante el tema y callaba. Él no me lo decía, “por respeto a nuestra amistad”; Creo que él pensaba que yo no me había fijado en ello, ¡Pero yo sí lo sabia! A pesar de eso, él se quedó conmigo y no me abandonó. Además, nadie hablaba con él, solo yo. Él, Era como un fantasma para el resto del mundo, eso tampoco le importaba, ya se había adaptado a vivir con ello. - Háganos el favorcito, mátese que ya huele a podrido- Me seguía diciendo el guardia, y yo me hacía el desentendido, “como si no fuera conmigo”. Eso lo enfurecía más y el mal oliente guardia abría la celda para entrar a golpearnos; hasta que una noche, nuestro ángel de la guarda lo sorprendió en el acto y por primera vez consideraron ciertas nuestras suplicas. ¿Que esta sucediendo Gonzalo? - Gonzalo se llamaba el hijueputa…, ¡Tirano!. Troglodita… - Nada doctora, nada- le contestaba esa noche asolapado al ser sorprendido por la doctora. Al siguiente día lo trasladaron o expulsaron y fuimos felices, al fin nos olvidaríamos de sus ojeras y cara depravada; Pero la voz que anunciaba la causa de su ausencia se coló en todos los rincones y enaltecía la frente por los pasillos; entonces, los guardias mostraron la solidaridad de compañeros y el hombre que vino en su reemplazo resultó peor que el anterior. No tolerábamos más. No estábamos dispuestos a continuar con la zozobra de no saber nada sobre nuestra situación; Fué así que decidimos diseñar en secreto un plan de fuga con CONDOR. Los martes, la doctora nos dejaba sentados en una de las bancas del jardín, allí no había mucha seguridad. Estudiamos detalladamente el lugar y decidimos escaparnos con un plan estupido pero coherente. Saltariamos el muro a la hora de la media tarde, a plena luz del día. A esa hora nadie se espera una fuga, estaba muy fácil. La mayoría del personal hacian siesta, quienes estaban de turno los seducia la hora boba y algunos pocos guardias daban rondas en los dormitorios, pero se iban para el pabellón de mujeres, Mientras los señores que vestían de blanco no daban cara. Acordamos con CONDOR huir al tiempo; si nos sorprendían, las consecuencias de nuestra recaptura podrían ser tolerdas en equipo. Aquel martes todo era igual, a las 5:00 am empesaban a golpear los barrotes y todos debiamos correr a las duchas para salir al patio; la brigada de aseo no dejaba regresar a nadie a las celdas sino hasta depues de la contada. el mismo alboroto se colaba desde la entrada al pabellón -¡las pipas- las pipas! Así se le reconocía a las comidas que llegaban de los ranchos y los rachos porsupuesto eran las cocinas y los rancheros los cocineros. El desayuno podría ser un trozo de pan con queso y agumiel con leche; otros dias una galleta con chocolate, o un huevo cocido... Bueno, pero aquel martes todo iba normal, al llegar la hora de la contada todos formabamos en parejas uno tras del otro en fila por el perimetro del patio y un guardia contaba señalando con la macana. el sol areciaba bochorno, seco y sin aire... ese martes danzaba la pereza, todo se veia igual, las palomas del patio- los lamentos de los tristes y abandonados... los pasillos taciturnos y enmudecidos, el patio secuestrado y abandonado... ese martes nos sentamos en la misma banca... sacamos los dulces que nos daba la doctora, miramos al sol sin gafas oscuras... ese martes miré al condor extasiado con sobredosis de adrenalina le sonreí -No hay de otra – dije – Corra condor - él sonrrió - Corra me dijo -A la primera oportunidad corrí y corrí hasta el muro, CONDOR corría tras de mí y me alentaba – ¡Corra! ¡Corra! .... ¡corra marica que no nos vieron! y Saltamos el muro y la libertad Con una señorial venia, nos saludo aquella tarde. Pensé, una vez afuera, que el atrevimiento nos resultaría más difícil, ¡pero no!, si lo hubiese sabido por lo menos habría traído conmigo algo de comer. - Marica que chimba- tengo susto – mierda -¿tan fácil? – ¿Así no más? ¿Tanto padecimiento en esa ratonera para salir así no más? ¡Tanto aguantar esas gonorreas! ¿Por qué no lo había decidido antes? ¿Por qué tanto tiempo? - Y lloré – y corrí y corrí y lloré Buscamos refugio lo más pronto posible, No sabíamos en dónde carajos estábamos, pero estábamos felices, motivados como el niño que encuentra su juguete favorito extraviado. ¡Eramos libres! Y aun así, corrí sin mirar atrás.

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