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cucuta, Norte de Santander, Colombia
¡Hola a todos! Soy una persona que siempre ha estado relacionada con el mundo del arte, específicamente en el área escénica, la coreografía y las aulas de clases; Sin embargo, debido a razones personales y económicas, me alejé de las artes y me adentré en actividades comerciales, creando proyectos, empresas y aprendiendo de mis experiencias. Hoy en día, he redescubierto mi pasión por el arte y comprendo que aún tengo mucho por aprender y crecer en este ámbito. Este espacio es una oportunidad para compartir mi experiencia y motivar a otros a seguir persiguiendo sus sueños. ¡Los invito a ser parte de mi blog!

jueves, 4 de abril de 2019

El Cuadro

No creo que sea el único escritor que se haya visto perturbado por la idea de contar una historia que perdure en el tiempo. La pasión fue la principal razón por la que me aventuré en lugares desconocidos, desde oscuros pasillos y salones tenebrosos hasta pensamientos sombríos y laberintos descomunales que aprisionaron mi alma. Actualmente, me encuentro plasmando los hechos desde el otro extremo de la realidad, con la esperanza de que alguien como Usted se dé cuenta de la existencia de este texto y me libere algún día. No es una coincidencia que estés leyendo esto; sigue adelante, ¡pero ten cuidado! Es posible que intercambiemos lugares, o tal vez te unas a mí en este universo desolado donde solo se puede contemplar en silencio los ojos de aquellos quienes nos observan leyendo al otro, esta vez... Usted. "Es bueno que sonrías", pero seguir adelante con la lectura tendrá sus consecuencias. Una tarde, mientras buscaba inspiración en la biblioteca del establecimiento, me propuse encontrar una historia vibrante y auténtica para relatar. En aquel entonces, el ambiente estaba cargado de una mezcla de nerviosismo y expectación por los resultados del festival de poesía y cuentos, el cual había acaparado la atención de los amantes de la palabra. Recuerdo claramente cómo el silencio de la biblioteca contrastaba con la agitación de mis pensamientos, mientras anhelaba encontrar esa chispa de creatividad que me permitiría dar vida a mi relato. La espera se volvía desconcertante en cierto punto, al descubrir que los participantes se habían inscrito más por el premio que por el verdadero interés en contar sus historias; Al mismo tiempo, mi alma se llenaba de aliento y esperanza indudable. Los premios del concurso motivaron a la mayoria de los participantes a escribir historias improvisadas y compartirlas con otros, pero la creatividad parecía desbordarse sin control, regándose gota a gota en un torrente interminable sin que nadie se atreviera a almacenarla. Esta parecia una oportunidad perfecta para convertirse en un verdadero ladrón de ideas, considerando que la gran mayoria de ellas eran ideas que nacian en talleres de creatividad y alguna me podía valer quizá un premio local; por barata que saliera la cuestión sin importar la calidad de la obra. Aún después de ver al señor de la luz morir y resucitar victorioso en lo alto del firmamento una y otra vez, la ansiedad no cedía, y la insatisfacción persistía. Decidí no pensar más en ello; después de todo, soy un aficionado sin estudios concluidos y sin amigos eruditos que pudieran orientar mis pasos hacia el mundo de las letras. Pero eso no me detiene, solo me queda el recurso de leer y soñar, y hacerme la idea de que alguna de las tantas historias que alimentan mi imaginación pueda ser mía o escrita por otro, pero con la misma pasión y fuerza que la mía. "Pero es mía", tal como esta puede ser suya mientras usted se convierte en yo al leerla, y el siguiente lector se convierte en usted al leerla después de usted. Es así como el lector y el escritor se funden en una sola entidad, y en esa unión, ambos quedamos aprisionados en el papel. Ese día en la biblioteca me encontraba absorto en profunda filosofia; Analizaba minuciosamente cada situación, cada minuto, cada suspiro, cada aventura, cada historia y al finalizar el día me desperté de mi ignorancia con una resma de hojas inservibles, nada convincentes y nada realmente favorable. En la galería... Aquel lunes a eso del medio día me detuve en la galería de arte para admirar las pinturas en exposición; El hecho instigó agregarle a mis emociones una sensación sana de envidia codiciando inmaduramente “ser yo, el creador de tan magnificas obras”. Estaba consciente que en ello era un fanático frustrado como también lo había sido en diferentes campos del arte, la ciencia hasta en la política -¡Por dios he querido ser todo y soy nadie!. Lo anterior poco importó al compararse con lo vivido en aquel lugar; poco afectó ante lo que es mi vida en este momento. Poco vale con relación a lo que será su vida después de leer este cuento. Los visitantes se desplazaban con un silencio ensordecedor por los corredores blancos del lugar, solo se oía el saludo cordial del taconeo de los pasos y los lamentos del piso: al sentir las suelas acariciar su extensa piel dura de mármol blanco. Sonidos que al ser mezclados a los traídos por el viento desde el exterior, más el susurro de los presentes: ofrecían un interminable concierto natural tan regio como los prometidos por los recientes intérpretes de la música electrónica... mágicamente enervante. Algunos cuerpos se momificaban por varios minutos frente a las diferentes creaciones artísticas y en otros casos, el extremo de la contemplación era tan alto y solo volvían a la realidad cuando se daban cuenta que se les había hecho tarde y no era a eso a lo que venían; cuando una voz les desprendía de su mudez y les sacaba de aquel mundo inusitado en el que se hallaban sumergidos, atrapados por la seducción de las obras. La verdad era un placer detenerse y contemplarlas de pie durante horas. El lamento de Eva, la pena de adán, la flor, ella, solitarios, estos son algunos de los nombres que recuerdo de las mismas. Era un maravilloso festín de creatividad, pero: Al fondo del salón sucedía algo realmente curioso. Al final del pasillo donde la luz se desvanecía, se hallaba envuelta a la sombra una pintura aislada que nadie se animaba a contemplar. Me acerque analizando detalladamente el derredor por si de pronto tropezaba con algún aviso de prohibido acercarse o algo por el estilo. Inspeccioné con suma cautela antes de acercarme allí y... ¡No!, “No había nada”, Solo el cuadro en el rincón bañado con una luz aciaga – Eeeh, Discúlpeme señora - Una mujer mayor vestida de azul, con un sombrero de ala ancha y una pluma roja en la parte superior del mismo, llevaba una cartera del mismo color del vestido sujetada con fuerza por su mano derecha y en la izquierda delicadamente un pañuelo blanco con el que había limpiado sus lágrimas durante el recorrido por la galería. Ella, dió media vuelta clavando su mirada inocente en la mía y sonriendo contestó: ¿Señor? - le pregunté si había apreciado la obra del rincón, ella se inclinó levemente y miró el lugar replicándome: - la verdad no me había fijado, pero otro día regreso. Ya no tengo tiempo- y se alejó. Lo mismo hice con el hombre de gabán negro, con la colegiala que miraba coquetamente al guía, la señora con el niño en sus brazos, al portero, la chica de gafas, cabello suelto y camisa artesanal, la que con su sola presencia simulaba algo de conocimiento en la materia, pero con todos fue en vano mi interpelación. Nadie se había detallado en la pintura; además, tampoco le prestaban atención y evadían mi invitación con la misma respuesta, - quizá luego- daban media vuelta ¡y adiós! Intenté mostrarla a quienes acaban de llegar como si yo fuera el autor de la misma: y algo siempre lo impedía; la excusa perfecta conducía de la mano a otro lado del salón a quienes se mostraban interesados en mi observación. Parece una costumbre que todos conocen, pero nadie comenta - Excepto yo – podría ser que los críticos acostumbran a no acercarse a las obras de los rincones por un agüero parecido al de pasar por debajo de una escalera, que un gato negro se atraviese al paso o algo por el estilo; Bueno, yo no era crítico de arte y tampoco les temía a los agüeros, no me iba a marchar para la casa sin saber nada del misterioso cuadro del rincón. Ahora, me siento cual cazador al asecho del animal quien aún no ha sido visto, pero que movió las ramas del arbusto ubicado exactamente donde apunta la escopeta sin advertir que él se convertiría en la presa, tal como está usted en este momento. Me acerqué con cierto temor para contemplarle. No había nadie más que nosotros dos en ese pequeño lugar quien de repente me parecía inmenso. Saboreaba la curiosidad a cada palpitar de mi corazón y por primera vez sentí que le habían puesto allí solo para ser apreciado por mis ojos. Era un cuadro como cualquier otro de los que se encuentra en las salas de los filántropos artistas y coleccionistas de la nueva era. Se podía apreciar sobre la superficie, en el juego de figuras y colores: un cóctel de rostros dentro de otros rostros y más rostros... Rostros que parecían estar mirándote a los ojos y que querían contar sus historias: dictaminaban ser libres. Me miraban directo al alma, con una invitación seria para estar… para ir y no regresar. Eran múltiples rostros de niños, adultos, ancianos, mujeres y hombres de todas las razas y culturas, con toda clase de emociones. Habían creado en él, un mundo vivo de esperanza más un común anhelo de libertad. Al permitirles guiarme sin resistencia por su hechizo, me desprendí de la razón y fusioné mis emociones a su existencia; En él encontré que sí era diferente a cualquier pintura, ¡tenia vida!, Quizá era más antiguo que la vida misma y estaba ahí para recordarle a quien se atrevía atisbarle “que el alma es inmortal y se puede apresar” de muchos modos con una sola salida - ser quien corresponde ser al cumplir con el destino - Parecía un cuadro pintado por la misma mano de Dios. Cerré mis ojos porque me sentí mareado, mi cuerpo entero temblaba mientras algo se desprendía dolorosamente de mis entrañas. No podía respirar y el pánico consintió mis sentidos. Me alejé con fuerza de un tirón hacia atrás para escapar y me sentí incompleto. al abrir nuevamente los ojos vi un hombre que me miraba con la misma intensidad e intriga con la que yo miraba un cuadro con rostros pintados en él, con la misma sugestión con la que yo leía un cuento como este un día como hoy - No era yo, pero vestía igual que yo- reconocí en él sujeto a alguien familiar. Se alejó y yo apenas nacía. Por el contrario, a lo que puedas estar pensando, mi alma no quedó atrapada “se liberó”; Aun así, parte de mí pertenece al cuadro tal como parte de ti pertenece a este cuento. Fin.