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cucuta, Norte de Santander, Colombia
¡Hola a todos! Soy una persona que siempre ha estado relacionada con el mundo del arte, específicamente en el área escénica, la coreografía y las aulas de clases; Sin embargo, debido a razones personales y económicas, me alejé de las artes y me adentré en actividades comerciales, creando proyectos, empresas y aprendiendo de mis experiencias. Hoy en día, he redescubierto mi pasión por el arte y comprendo que aún tengo mucho por aprender y crecer en este ámbito. Este espacio es una oportunidad para compartir mi experiencia y motivar a otros a seguir persiguiendo sus sueños. ¡Los invito a ser parte de mi blog!

sábado, 30 de marzo de 2019

El tanque, capitulo 2

Ese primer día, estuve perdido, las personas me evitaron con desaire, hasta un perro se orinó en mi espalda cuando me recosté sobre un andén -chite- grité y Lo espanté con una piedra; me dolía la cabeza, pero ya no habían guardias y valían huevo... estaba hambriento igualmente exsaltado. llegué a una esquina cubierta por neblina y mi mente deseaba que fuera de humo de arepas rellenas... entonces una mujer alta, extremadamente alta “creo que alcanzaba a medir 1 con 90, llevaba cargada a su espalda lo que parecía ser una guitarra que contrastaba con su esbelta figura. se veía Cansada, abstraída, ida, pero consciente de su entorno e inesperadamente “me orientó”: –Bucaramanga mano. Lo veo mal ¿A qué juega? – me susuraba, me preguntaba, pero el hambre y la desolación no aceptaban coordinar los pensamientos. Caminábamos sin rumbo. Perdidos en medio de todos, sumergidos en la nada. Al segundo día me recosté asustado en la esquina de la 45. he contemplado con mis propios ojos a personas extrañas “de otros mundos al parecer” pues sus rostros, peinados, ropas, voces y hasta sexo me confirmaron ciertas las historias de don Ezequiel, “el profeta de la prisión” Quien aseguraba haber sido raptado por especies de otros planetas o dimensiones paralelas y que de vez en cuando se comunicaban con él. Me senté en el suelo confundido, hambriento. CONDOR acurrucado me miraba insistente en continuar la marcha, el cansancio y el sueño me dominaban. Otra mujer a quien cuyos huesos sólo les cubría una fina capa de piel, se me acercó quebrando con el viento su cadera. Era horrible y parecía más un ejemplar extraído de ultra tumba con motor que, realmente una mujer viva. Sus ojos grandes, ocultos y saltones empezaron a tomar forma a medida que se acercaba a la Luz del faro de la esquina. Me miró como si me conociera de toda la vida. Encendió un cigarro al llegar a mi lado. Sacó un juego de cartas más un duro trozo de pan de su carteron dorado– para que coma – me dijo – Mientras yo le leo las cartas- Cómo negarme a semejante oferta que me hacia la cadavérica presencia. Sin preguntar ni parpadear le arrebate la oferta de sus manos y le devoré en un santiamén, me lo comí todo y “yo sólo” porque CONDOR no quiso. Nunca desde que lo conocí le vi probar bocado. Al otro lado de la calle había otro grupo de lindas mujeres quienes llamaban a gritos a la curiosa señora. Gritos fuertes con tono masculino - ¡Maga! ¡Maga! muévalo, ¡Maga! apúrese mamita – La maga cual pitonisa me descubrió el alma y habló de mi vida pasada, presente y hasta de la futura. Flaco, usted está pecando - me dijo - mientras se abstraía más en lo profundo de su cigarrillo sostenido con la mano derecha– lo miraba firmemente, y su mano izquierda reposaba en su pecho. No le entendía ni jota, pero me pareció interesante lo que murmuraba. - Usted tiene una cita con el destino y la está evadiendo –Continúo – Su hermano- silenciosa me miró a los ojos, y las palmas de mis manos, las uñas, me desnudó las muñecas y nuevamente le murmuró al cigarrillo – Umh ju, si señor, esto está más que claro. le debe una promesa a su hermano No la entiendo – ¡Sí! ¡claro que sí!, en sus ojos se ve con claridad el deseo de cumplir un sueño, pero dejaste algo que debes recuperar. - ¡En el tanque! “Pensé” y pregunté - ¿en el tanque? - Solo usted lo sabe - respondió. La Maga encendió otro cigarrillo con la colilla del que estaba fumando y me regaló otro trozo de pan – tome muchacho, para que coma por el camino. Y cumple con tu cita- Me dió la espalda para alejarse y sin mirarme, dijo: –No se preocupe por plata, no me debe nada- Y se marchó con sus amigos o ¿amigas? confundiéndome aún más. Guardé silencio hasta casi las tres de la madrugada, sin cerrar los ojos fumaba de las colillas tiradas en el piso. Pensaba, ido, añorando, con temor y desconsuelo pero con la alegría de que todo iba a estar mejor. NO soy de aquí, No conozco a nadie aquí, Debo regresar – CONDOR – me miró con una sonrisa y volteó la cara a la luna en el horizonte, -EL TANQUE – dije, y él sonrió asintiendo con la cabeza… Una breve pausa nos motivo a inhalar profundo para aventurarnos en nuestra maratónica odisea. Horas más tarde contemplábamos desde abajo, “EL PICACHO”, ¿subimos a pie? ¿Aún a costo de arriesgar nuestras vidas al desplazarnos en medio del peligro? ¿Y a pie? Bueno Hace ya mucho tiempo no sabía nada de mi noble y Leal Capital del Norte de Santander “Cúcuta” portón de la frontera, mi tierra adorada; Aunque unos cuantos viajeros y las noticias, me habían mantenido al tanto de la mala suerte y la cruel tragedia que allí se respiraba.

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