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cucuta, Norte de Santander, Colombia
¡Hola a todos! Soy una persona que siempre ha estado relacionada con el mundo del arte, específicamente en el área escénica, la coreografía y las aulas de clases; Sin embargo, debido a razones personales y económicas, me alejé de las artes y me adentré en actividades comerciales, creando proyectos, empresas y aprendiendo de mis experiencias. Hoy en día, he redescubierto mi pasión por el arte y comprendo que aún tengo mucho por aprender y crecer en este ámbito. Este espacio es una oportunidad para compartir mi experiencia y motivar a otros a seguir persiguiendo sus sueños. ¡Los invito a ser parte de mi blog!

sábado, 30 de marzo de 2019

El Tanque, Cápitulo 5

Por alguna extraña razón no había publicado el capitulo 5... escrito en el año 2005 , estando en Bucaramanga, este fin de semana lo medité y he podido reírme de ver lo asombroso y cruel parecido a nuestro 20015... espero les guste... Capitulo - ¡Epa CONDOR! dije: - citando notas tomadas de buenas lecturas en la "Cárcel"; estas, las llevaba en mi bolsillo escritas con lápiz, casi poéticas - algo filosóficas mezcladas con mis ideas, con un abrazo enorme de mi identidad, volviéndose una clonación de mi yo espiritual, esos pensamientos cantaban al unísono con los mios - es más, aún estoy confundido porque no recuerdo dónde se mezclaron, ¿cuáles son de Otros? ¿cuáles son míos? Hoy no recuerdo autores pero al pie de página un editor, periodista o buen redactor sabrá imprimir créditos. -Entonces recité: - ¡Ay¡ Viejo… Cuánto mutan los inmemoriales lugares en los que hemos crecido, una vez nos apartamos de ellos. Al regresar a la casa que nos vió nacer y sin reparar en el tiempo solo en un parpadeo encontramos el florecimiento en su interior. Aquel espectacular surgimiento amparado bajo la sombra protectora del ingenio humano de nuevas calles, nuevos edificios, nuevas costumbres, nuevo idioma, nueva gente; No obstante, siguen en sus paredes, en las antiguas aceras, en las cortezas de los árboles, en las sombras, en los recuerdos... Las huellas vivas de su estructura genética, única, inconfundible, presente y eterna, no muy diferente para quienes le conocimos ayer con relación a la grabada en la memoria de los nuevos residentes. Aquellos inquilinos, quizá nuestros hijos, son objetos de acciones puestas y viven sujetos a nuestros aciertos y errores, ignorando ello, saboreando ello, luchando con ello, siendo ello. Evolucionan en nuevas gentes afanosas por superar sus propios temores, alimentar las propias ambiciones y salvando satisfactoriamente los retos impuestos a sus dichosas y quizá también significativas vidas; ahora más que nunca vanguardistas y exactamente como lo intentamos nosotros deben escupir directamente a la cara de las esclavizantes formas de existir, aprendidas de un negro y adefesio pasado en la sociedad, que nos subordinó a ideales absurdos e invitó a existir sintiéndonos parte de algo. Ellos, Están obligados a desprenderse de esos ennoblecedores pensamientos los cuales nos han privado, atado y motivado a auto-flagelarnos en nombre de un tal“insípido bien”, en nombre de un mejor mañana a cambio de una existencia precaria. Deben desgarrar sus ropas fundamentadas en las costumbres heredadas las cuales fueron, son y serán el motivo de nuestra propia tragedia, de nuestra propia desgracia; para que así, de esta manera, a lo mejor logren encontrar nuevos caminos que les permitan crecer, transformar sus vidas a la par con las nuestras y ofrecer a sus hijos un futuro libre de la maldición que ha habitado en nuestra sangre tricolor durante tantas décadas... tal vez, mañana miren atrás y concluyan que no hubo mejor época que la suya, que no habrá nunca mejores tiempos para vivir felices como aquellos. La esperanza sigue vigente en ellos, como lo estuvo con los padres de nuestros padres, con nuestros padres,“con nosotros”... quienes fracasamos en el intento. Nuestra sociedad, no solo se hizo presente en una guerra cuyo fin último se fundamentó en el ideal de satisfacer las necesidades básicas en los ciudadanos; los cuales fueron considerados en igualdad de condiciones, con los mismos derechos y deberes. Principios consagrados en las constituciones de todas las naciones en nuestro globo azul. A donde quiera mirábamos, aparecían escenas de guerras centradas en el terror y la tierra terminaba bañada con la sangre de los sujetos, supuestos objetos de las causas. Guerras que ofrecían soluciones utópicas a la pobreza, al hambre, a un mundo verde, a la protección del agua bajo enfoques administrativos irreconciliables y aún así convergían en la satisfacción de riqueza y poder de unos pocos gobernantes; pero la verdad alzaba a la luz una humanidad entre cadenas gimiendo e implorando paz. Alzados en armas salieron de las selvas y buscaron nuevas maneras de estar a la vanguardia de las nuevas exigencias en los adelantos científicos y tecnológicos que en los últimos veinte años avanzaron a una velocidad vertiginosa y se desprendieron de las manos a las potencias quienes aún con sus reclutados intelectuales no lograron a dar abasto con la multitudinaria información. los mares se revistieron con fibras ópticas, cientos de pequeñas pecas se divisaron junto a la luna cual adolescente en pubertad con acné: ¡la magia de los satélites danzando a su lado! ofrecia un espectaculo visual distinto al de mi infancia. esta generación despertó en nueva realidad. Ya nada impedía que en los países tercermundistas y sometidos tuviéramos la oportunidad de ser dueños de información valiosa para contrarrestar las enfermedades mutadas en laboratorios. Ahora los chicos en los barrios más pobres alimentaron su creatividad con la Internet, expertos programadores departían en redes sociales, anunciando nuevas apps y mejoras en juegos, rompieron reglas y seguridad de los dispositivos diseñados por fabricantes exitosos para mantener el control. Y evolucionaron en mentes maestras de las que finalmente se aprovecharon los pequeños brotes de organizaciones como el FLM “frente de liberación Mundial" Grupos emergentes paridos por ideas como la del bravo pueblo con la revolución del siglo XXI. Y vimos un estado islámico que se fortaleció con la ausencia de la crisis en américa, y presenciamos la resistencia ante las organizaciones privadas, que deseosos de controlar el agua, las zonas verdes, minas de tario o coltán financiaron el terror. La visión de los profetas religiosos impresas en textos milenarios así como las creaciones de artistas literarios en la ciencia ficción; las cuales fueron fielmente disfrutadas por nuestra generación con los mejores efectos especiales de las grande películas, esas ideas de lo que posiblemente iba a ocurrir más que sueños e ideas. Sencillamente se hicieron realidad. Nosotros fuimos testigos de bombardeos experimentales a cometas que amenazaban con aniquilar la vida de un sólo golpe. El clima cambiaba súbitamente en todos los puntos cardinales obligando a trazar planes conjuntos a diferentes organizaciones y Gobiernos en el planeta entero; se trasladó la ganadería, la piscicultura, la agricultura y la producción de materias primas a zonas donde no sufrieran devastadoras consecuencias con el impacto de estos cambios. Los hombres y mujeres de mi generación, presenciamos la promulgación de leyes como la legalización del aborto, la droga, el matrimonio gay, la eutanasia. Fuimos testigos, no solo del descubrimiento del plano utilizado por Dios para la creación del hombre “El Genoma Humano”sino también de la perfección del mismo para curar enfermedades y reparar o programar estéticamente a las nuevas generaciones antes de nacer. Estuvimos presentes en el gatear de la ciencia al resucitar especies extintas, ni que hablar de la transformación total del sexo. la tecnología cantó victoriosa, presenciamos exhibiciones de las más potentes naves y automóviles de lujo; Nacimientos de nuevos suburbios y ciudades alzadas casi un kilómetro de altura y sumergidas al doble en las profundidades de la tierra, Vimos como se sembraban Invernaderos en la luna y estaciones de paso en satélites. El mundo temblaba por las noticias emitidas en todas las cadenas públicas y privadas de avistamientos continuos y detección en los radares militares de objetos no identificados en firmamento. Vivimos en carne propia la fabricación de la nueva era de sangre púrpura; Aún así, no faltaron quienes fallecieron creyendo ciegamente que todo esto no era más que magia o ilusionismo o inventos del capitalismo para someter en la esclavitud a los pobres. ¡Todavía más! Se hallaban los extremistas religiosos quienes en su mayoría enloquecieron, algunos se auto mutilaban para salvar sus almas al creer que era el fin del mundo y otros predicaban el inicio del Apocalipsis “la era del demonio”; Lamentablemente aún se encuentran brotes inmolándose en los rincones oscurecidos del planeta. A la gran potencia de norte, sus más fervorosos aliados le dieron la espalda después de infortunadas consecuencias por tratar de mantener dominio en especial de sus fallidas intenciones por levantar nuevos muros en las fronteras y más cuando la nueva socialdemocracia bailó en sus entrañas. Hubo argumentos de terror y odio basados con las experiencias del sur; vimos como los monopolios frenaban políticas en la salud, la educación. Venezuela invadió con su pensamiento ideológico a la mente Política denuestra agonizante patria y Cuba logró abanderarse de la investigación científica en América Latina. presenciamos como los neonatos articulaban coherentemente palabras a muy temprana edad; las naciones latinas engendraron como un brote espiritual a predicadores y políticos que opacaban con sus elocuentes intervenciones a los más versados sabios y oradores, desordenando las neuronas de los maestros ignorantes no preparados para el impacto. El cristianismo se orientalizó, pero cuando se creyó desprenderse de las manos al vaticano en la redes renacieron predicadores capaces de mantener con fuerza el principio y propósito de la fe de la única iglesia fundada por el mismo Jesús y continuaron con sus misiones de entrega educando y predicando el evangelio original. Me temo que sí en mi adolescencia me hubiese entrevistado algún extremista político seguramente hubiese sido un combatiente en sus filas pero el destino me bendijo y estudié, viajé, leí, comparé. Concluí que la riqueza y los bienes públicos los debe administrar el estado como también tristemente leo en la historia que no hay ninguna nación comunista que demuestre que sus habitantes sean prósperos, felices y que tengan vida digna salvo sus gobernantes o militares con rango y poder. El extremo de la acumulación de capital en manos de unos cuantos también me aterra; Entonces el estado debe intervenir el bien privado, pero no administrarlo. El estado debe generar con impuestos "justos" alternativas de desarrollo y educación. las politicas sociales funcionan con control en la democracia. La verdadera amenaza de los pueblos latinos no es la pobreza, la desigualdad, el hambre, la mala atención de la salud, el deterioro de las vías, la falta de oportunidades, todo ello es un síntoma de una enfermedad cruel, inhumana, tirana, egoísta, La maldita corrupción. Atacarla con vehemencia es la esperanza en los buenos hombres de mañana. Por ahora yo; solo soy un sobreviviente gracias a mi hermano y llevo una cruz en mis manos y una prieto vereta en la cintura con un proveedor cargado y sin seguro, mi misión es la de escribir, contar y Oro por que la muerte no me impida hacerlo.

El Tanque, cápitulo 4

Continuamos nuestro camino e hicimos una breve parada en el parque del agua, aunque cuando yo era niño le llamábamos el parque San Rafael, el parque del agua le llamaron hace poco,cuando con el solo cambio de nombre se justificó una millonaria tajada… Con recordarlo, se aviva mi alegría de escuela y reproduce en 3D aquellos momentos de las excursiones con los catequistas de mi parroquia – Darío, deje los gansos tranquilos, ¡No se haga tan cerca la orilla caramba, que se puede caer en ese lago!... ¡Ustedes ya se subieron a la rueda!...Ahora iremos todos al teatro. ¡No Alba, ya no más paseos en caballo!... ¿Quién quiere helado?- Eran las mismas celebres frases usadas por todos. quienes asumían el reto de ser responsables de nuestra integridad. Mientras nosotros decidíamos jugar, correr y hacer de las nuestras, la preocupación estresaba a los maestros temerosos no de los riesgos o accidentes que pudiéramos sufrir, no, ellos no temían a eso... se preocupaban realmente por ellos; si en caso extremo nos llegase a ocurrir algo. ¿Con qué cara se enfrentaban a nuestras madres?. Mire CONDOR, en el lugar después de la piscina, solía haber un quiosco con carros chocones y más a la izquierda unos pocillos que giraban hasta hacernos recordar la última comida- Al cabo de unos cuantos minutos, bajamos corriendo hasta el zoológico y nos tendimos de bruces en el suelo y contemplamos el cielo rojizo...reímos, reímos hasta el cansancio. Los guacamayos se despertaron y en el sonido de su ausencia, acompañado del trinar de los pájaros mágicos. En nuestra creativa imaginación, se encontraba oculto con un vivo anhelo por abrazarnos; La pacha toche esperaba a su hijo. ¡Estamos en Cúcuta, CONDOR! -Y como siempre dijo nada. Tan solo sonrío. Entramos a Cúcuta por un camino diferente a la carretera, entre las piedras dejadas por lo que alguna vez fue el paso del navegable río Pamplonita, no por los puentes, No... ni por el putas. precisamente para evitarnos contratiempos con el ejército o el grupo que dominara en la zona. Descendimos sobre las piedras siguiendo el hilo de un negro caño mal y oliente, hasta llegar a las cascadas del malecón; allí cerca, entre las secas rocas, se hallaba un hombre tirado quien se había caído al intentar bajar al lugar para lavar su ropa. Infortunadamente resbaló y se quebró la pierna derecha. Esta zona es intransitable sólo se ve pasar una que otra persona cada tres o cuatro días. Le asechamos con cautela, mientras este se quejaba y lloraba -¿le puedo ayudar en algo? –Pregunté y al mismo tiempo aseguraba el perímetro con mi retina- ¡Gracias!- Insistente – ¡Gracias llave!- Me acerqué con desconfianza, pero ansioso en socorrerlo presto que realmente podía casi hasta sentir su dolor...Se presentó como el Escorpión. le miré la herida, lo abrace colocando su brazo derecho sobre mi cuello y le ayudé a salir de esos matorrales El hombre con un trapo húmedo limpió su cara, secó sus lágrimas y; nos invitó a su casa, en San Luís, “uno de los más populares y antiguos barrios al Este de la ciudad, reconocido en los albores de mi memoria por su inconfundible ambiente festivo”. Alguna vez leí que allí se asentaron los primeros Bari, desterrados de la casa del duende cuando se inició oficialmente la colonización de este valle, por cédula real. La invitación me pareció oportuna para volver a ver la majestuosa iglesia, la cual había sido muy frecuentada en mi infancia, en especial, los viernes santos...Y ni para que detenerme a hablar de las maravillosas celebraciones en el parque justo al frente de la misma. Desde el barrio de mi infancia “el barrio Sevilla", situado situado al Noroeste, al otro extremo de la ciudad. Se apreciaba la iglesia levantada con señorío y su campanario siempre iluminado, su punta en forma de aguja nos recuerda el lugar al que pertenecemos, siempre señalando al cielo. “Dueña de la tierra de aquella madre católica", la iglesia de san Luis Gonzaga cuya arquitectura gótica conserva una valiosa obra... ¿sabes mi chino? le dije al cóndor - la iglesia fue destruida por completo en el terremoto de 1875 y lo único que se conservó fué Una pintura de nuestra señora de chiquinquirá,. imaginate - la pinto en tunja , el artista Alonso de Narváez hace casi 500 años y la trajo a Cúcuta en 1587 como obsequio para los indios dueños de esta tierra – Condor me miró como mandandome a callar y me acerqué muy quedo al oído - ¿No hay afán Cóndor? ¡Susurré!- ¿Qué? ¿Quién?- preguntó en acto el Escorpión - Nada- repliqué -. no es con usted, es con mi amigo, pero no se preocupe, porque ya estamos acostumbrados. -Colabórame parce, ayúdeme a llegar a la casa antes de las seis - Volvió a suplicarme el hombre - Vea que estoy muy mal llave y, no puedo caminar - ¿Cómo negarme? Si Darío fuera yo, el Escorpión no le habría hecho la invitación, ni ofrecido nada, por que él; “mi hermano” con tan sólo verlo, se lo hubiese cargado a su espalda y sin preguntarle le habría llevado. Bien, exactamente eso mismo hice y lo cargué a tuche “a caballito” y así lo lleve hasta su humilde morada. Por el camino, el oloroso y pesado flaco me adelantó detalles sobre las novedades después de la tragedia en la ciudad; además de advertirme los horarios de tránsito y los sitios a los cuales no debía ni por el Putas acercar la nariz. Una vez llegamos a su casa, una mujer saltó bañada en llanto… lo abrazaba… lo besaba… lo mordía… lo olía… Ni siquiera se percató de su pierna rota; Tan sólo daba gracias a Dios, y lloraba pero a grito entero: - ¡Ay mi negro! ¡Mi niño!¡Mi amor! ¿Qué pasó? ¿Dios mío, qué pasó? No me vuelva hacer eso por favor. Entre el furor del recibimiento analicé el entorno, y concluí que ella no tendría más de dieciséis años; aunque su cuerpo asegurara lo contrario. Estaba embarazada “por tercera vez”… Y, su marido, el Escorpión, el hombre cuya barba y contextura delgada, envejecida, engañó mi apreciación, tan solo gozaba de apenas los diecinueve. Fuimos invitados a entrar la vieja casa en ruinas, adentro estaba oscuro. El escorpión, contaba los detalles de su accidente. Del cómo al bajar resbaló y cayó rompiéndose la pierna; su esposa había transfigurado su cara, estaba feliz y replicaba: - yo pensé que lo habían matado mijo. Pero usted no hace caso. Es que, me da rabia con usted, cuantas veces le dije que no se fuera por allá. Usted sabe lo peligroso… Bebimos una changua, con agua pocha saborizada a café, y hablamos toda la noche. El maltratado hombre me contó de la frontera, su destino y de todas sus novedades; lo cual consideré una bendición para poder cumplir mi misión. – Darío, algún día se dará cuenta sea donde se encuentre, que su esfuerzo no fue en vano… ¿Tienes cigarrillos? Pregunté a Elvira; ella sonrió y dijo: tengo algo mejor, para que descansen y tomen fuerzas. Pensaba en Darío y miraba al Cóndor. ¡Yo cumplo porque cumplo!- les hablaba a en voz alta y también reía. Bueno, era el efecto producido por al excederme en besar el legado de mis antepasados indígenas. Quétzacoal descendió en silencio y se postró en un rincón aleteando sus coloridas plumas para motivarme. El gran cacique Zulia inclinó su cabeza junto con Dioniso entorno al cacique Cúcuta, quien me ofrecía en lengua Barí, su arco y las flechas. Las mismas con las que se enfrentó a los malditos invasores, de la puta madre... y su corona. –Jajaja- reí- Esto sí que es un verdadero porro. Paisa, ¡Gracias por el detalle! Se lo abono a la cuenta manito – Yo Reía y el vértigo se apasionaba en mis entrañas… ¡Esto sí que es un verdadero cigarrillo paisa! – la cánnabis hizo lo suyo. Ahora que hablo con pajaritos, ¿será que me hago presidente? -pensé, Esa traba duró hasta la madrugada, y caí como piedra. Al otro día bebí más agua pocha caliente, y lavé mi cara en un lavadero rodeado de plásticos negros. Antes de partir, el escorpión me habló en privado y como muestra de su agradecimiento por haberle ayudado, me entregó un paquete el cual guardó con suma discreción en mi pretina – Por si acaso lo necesitás – replicó cerca de mi oído… ¿Este marica me va a besar? -dijé -Y lo empujé mamando gallo. Yo había estado mucho tiempo apartado de las armas de fuego, no las recordaba con agrado y me incomodó un poco; sin embargo, no se sabía cuándo y según las instrucciones, realmente y muy posiblemente la llegase a necesitar. Con ella en mi cintura, coqueteándole con su cacha al inocente mundo, retorno a mi existencia, la peligrosa y deseada sensación de poder. - Metámonos por el Colsag, pasamos a los Caobos, rodeamos el centro en dirección a la playa y caminamos hasta el cementerio central, desde allí buscamos la manera de entrar. ¿De acuerdo CONDOR? – Nuevamente me mostraba su conformidad con su mudez, obligándome a reflexionar en ello -¿Para qué le pregunto si ya sé su repuesta? – por millonésima vez medité - Es mi amigo, por lo menos le tengo en cuenta y “Se lo debo”.

El tanque, Cápitulo 3

En cuanto llegamos al antiguo peaje, notamos la presencia de un grupo armado desplegado por los costados de la carretera -¡A la suerte de Dios! – Pensé- mientras mi pulgar derecho me acariciaba la frente con una improvisada cruz y terminaba en el pecho con tres golpes y un beso en el costado posterior de mi dedo pulgar. Y desconociendo la procedencia, intenciones e identidad de los uniformados, nos atrevimos a continuar. Vivir ignorado, desapercibido e invisible, era el principal atributo del Cóndor y en este caso resultó provechoso porque continúe caminando y nadie me miró,ni siquiera para humillarme o gritarme, o para divertirse unos segundos patrocinados por la cruel insensibilidad ante el dolor humano. Un sacerdote que iba hacia Pamplona en un Nissan rojo, se detuvo al verme y preguntó por mi destino. luego de escucharme nos ofreció el aventón. - ¿cómo negarme a tal dulce ofrecimiento? ¿Cómo negarme? Durante el viaje nos habló de sus actividades rutinarias y de una casa de la misericordia –jajaja - Conversación inútil ante mi involuntaria indiferencia. Mis pensamientos abrazaban un colorido ramillete de nervios, y el furor de la adrenalina me erizaba el cuerpo a cada metro en el que me sentía más cerca de mi tierra y CÓNDOR miraba con ensueño por la ventana el desolado paisaje. Al llegar a Pamplona, el padre Hector nos invitó a desayunar – mi hermana vive subiendo a 7 cuadras del parque -dijo- en una casona blanca, allí te puedes bañar antes de continuar el camino - Por supuesto que me le negué. - ¡No padre! ¡Usted no está ni tibio! El agua es muy fría, eso no sería un baño sino una tortura, que pena pero NO, ¡no gracias! Prefiero vivir… Mejor, me baño cuando llegue a Cúcuta – repliqué - El cura Héctor sonrió. Llegamos a un huerto hermoso donde pudimos libremente recoger fresas, muchas y deliciosas fresas. “que belleza” estaba convencido que las mismas aún no se conseguían; es más, difícilmente podría encontrar un huerto natural y real… pero este sí era un milagro ante mis ojos. Luego bajamos hasta la Calle Real. “las pocas veces que vine a esta ciudad” en mi niñez, no era una ciudad, era un pueblo cargado de mucha tradición religiosa. Una vez crecí y podía viajar sólo, venía a ferias con los amigos estudiantes de la Universidad de Pamplona a hacer amigas -jaja- especialmente costeñas. Con pocos pesos, la pasábamos super bien y el parque nos acogía en su prado. Bonito, sí… Muy bonito; pero se acabaron las fiestas y la recocha en el prado, no más camping. la gran obra civil de la época, no fue de mi agrado; pues en esa losa, no se podía sentar nadie sin que se le durmiera el culo. El padre nos regaló más víveres para comer por el camino, Y me embarcó en otra camioneta de color negro la cual pertenecía a otro amigo suyo. Este se dirigía al “Diamante”, “Un señorial y mágico caserío a la mitad del camino” – No recuerdo ¿En qué momento la carretera a Cúcuta había sido iluminada y ampliada? No recuerdo, ¿cuándo se reforzaron los cerros y los bordes se hicieron más seguros?. Daba miedo pensar en viajar por esas curvas… pero, este viaje se hizo rápido y más corto. En 1998 hicimos un paseo con amigos de teatro del colegio, acampamos en un club llamado cordillera country club. La primera noche de ese campamento nos percatamos que no habíamos traído víveres para cenar y debimos caminar desde el club hasta el Diamante. Un señor quien se presentó como Peter, humildemente se ofreció acompañarnos y guiarnos; pues éramos adolescentes y no conocíamos la ruta. La luna llena iluminó el sendero. Don Peter nos contaba historias e iba adelante, yo iba de último atento a que no se quedara ningún compañero rezagado. Compramos en el diamante lo que necesitábamos y regresamos al country sin la compañía de este señor. Al otro día, el capataz del club y los empleados negaron que alguien entre ellos, se llamara así y tampoco algún vecino. ¡Nadie! ¿Brutos? ¿Inocentes? Éramos chicos. Y aún hoy no sé que concluir con ese extraño suceso, mamá dijo que era un ángel cuidándonos. Al bajarnos de la camioneta en el ahora desolado Diamante, tomé la bolsa con los pastelitos de arequipe y refrescos, al mismo tiempo que CÓNDOR tomaba una varita para golpear con ella cuanto mugre hallara en la carretera… Y a partir de ese momento –nuevamente hubo sólo silencio- y golpe de varita arrastrada – mis oídos reprodujeron un zumbido único que se gana al cambiar de presión. Previo a la trajedia, la carretera era acariciada por los pies de familias completas, venezolanos emigrantes, profesionales, intelectuales, trabajadores, vagos, bandidos, adolescentes con sueños. esposas con niños en brazos. sus destinos eran inciertos, Perú, Ecuador, Panamá. Varios se quedaban en el camino, en la cidad que mas se ajustara a su comodidad. Huían de la pobreza en busca de un mejor futuro. Caminamos hasta sentir el aliento efervescente exhalado con la ardiente sonrisa de la señorial Garita; Ella, desde sus lustros cual princesa, coquetea lujuriosa con su venia y pícara mirada a los transeúntes, quienes le contemplan perplejos al entrar al municipio de los Patios. Fiel hija de mi tierra “tan grande y sublime” – cierra la boca CÓNDOR, esto no es mas que un aperitivo”- le dije – justo en ese momento, mi corazón rebosaba en ansiedad. ¡Que bonita quedó la entrada! ¡ala, mire! ¡Ampliaron la carretera! ahora sí aparecemos en el mapa – y continuaba pensando a la medida que avanzábamos -¿Y el peaje?¡caramba! No recuerdo a qué hora pasamos por el peaje; ¡ah sí! Estaba quemado y en ruinas. ¿A qué hora llegamos hasta acá? Y la cinta empezó a rebobinar. Recuerdo: – yo caminando con sed, calor, desolación y cóndor atrás contemplando el horizonte. Yo sentado en una piedra, yo mirando lo que alguna vez fue el río pamplonita. cóndor a lo lejos adelante de mí, parado en la curva. Yo sudando, calor – calor – calor, extenuados, ¿A qué hora llegaremos? Yo caminando y caminando... Y cóndor parado al otro extremo de la carretera, ni un carro, ni un aventón. Yo orinando, yo acurrucado en los matorrales escondido haciendo mis necesidades – Quítese de ahí marica- le grité al payaso del cóndor quien me miraba al otro extremo; y me escondía, como si algún extraño me fuese a descubrir en mi instinto natural, pero en el camino ni siquiera habían lagartijas y reí, -jajaja – Me cagué de la risa… metafóricamente ¿literal?, ¡bah! Reí feliz a la entrada de los patios. Descansamos media hora sentados frente al primer puente peatonal y le presenté algunos lugares que alcanzaba a recordar -esto se creció rápido mi chino, la carretera la ampliaron y urbanizaron con casas muy bonitas. esa redoma es uno de los retornos del anillo vial, vea hacia la derecha comunica a Villa del Rosario y por la izquierda te vas a atalaya, o hacia el batallón, Esto es lo más antiguo de los patios, creo y según recuerdo... un municipio partido en 2 por doble vía...a la izquierda del camino – Proclamé cual elocuente historiador - está la entrada de la que alguna vez fue conocida como la famosa correccional de menores, ¡El Rudesindo Soto! – Sonreí una vez más, pero dentro de mí; pues comprendí su reacción. Su mirada y su silencio preguntaban… y yo sin dudar respondí - ¡No CÓNDOR! ¡Gracias a Dios, no! Yo no, y tampoco ninguno de los miembros de mi familia -Susurré - lamentablemente quienes hicieron parte de nuestra historia, y quizá los más cercanos a nosotros sí, ¡Ellos sí! Me temo que este lugar, “la cárcel para menores” jugó un papel importante en nuestra tragedia. Los patios gritaba libertad y crecía presurosa, recuerdo cuando la época de la migración venezolana, se levantaban nuevos parques, la sábana se fortaleció comercialmente, se edificaron los terrenos, recuerdo que los patios creció, recordaba los primeros centros comerciales por la zona del anillo vial. El 11 de noviembre "el colegio" cuando los visitábamos con los grupos de teatro en la izadas de bandera, allí iban niñas muy lindas y las patienses fieles hijas motilonas solían ser musas coloreadas por artistas celestiales. hubo una época en la que aprobaron una absurda ley de fotomultas y los contratistas contrataban peones que se escondían para tomar fotos y multar a los desprevenidos en moto... ¡desgraciados! con una foto le robaban descaradamente el producido de un mes a cualquiera; a mí me descuadraron toda una quincena... ¡y me tocó pagar! Y eso que yo parecía una abuelita manejando moto. Guardamos silencio por unos cuantos minutos, y yo comía apresuradamente del paquete que me había entregado el cura. Al terminar continuamos nuestra marcha; sin embargo, algo no estaba bien. El municipio que yo conocí se hacía más vivo y fiestero con la visita de la noche… pero… - Mis ojos no vieron una sola alma pasearse - ¡Nadie! ¡Nada!, sólo la fuerte e inconfundible brisa lo hacía con libertad, y tampoco era la misma. El sonido que producía el viento al colarse entre las redes eléctricas, me recordaba los días festivos en los que la ciudad callaba y la melodía a espanto gobernaba. “Ahora sí me besaba el temor", estaba frente a la entrada de mi tierra… Tieso… El pánico me impedía avanzar. No sé si la inmovilidad fue producto de la emoción o el reflejo del temor que sentía al confirmar las historias que me habían contado en mi ausencia; razones que me impulsaron a refugiarme en algún lugar seguro. Y nada más seguro para los vivos que dormir entre los muertos. A la derecha, se encontraban gozando aún de un mágico colorido y ajenos a la realidad, los brillantes jardines de San José, Aunque después lo llamaron los olivos, y mas allá el parque cementerio la Esperanza, (Dos cementerios populares en Cúcuta). Mi impulso natural, me condujo al centro del jardín de cruces y epitafios “San José”. Justo a dos metros frente al monumento aún blanco e intacto de las manos abiertas. Allí me senté y el frío del lugar ahogaba mi garganta. -A eso de las nueve, los muertos toman vida en los cementerios de Cúcuta- me había contado Jhonny, “Un desaparecido paisano y compañero de milicia” - y continúo- Claro que, los muertos también distinguen las clases sociales, ”irónico”, pues los más revoltosos parecen ser los del cementerio central; En tanto que, los de las iglesias y los de los cementerios a la entrada a Cúcuta es decir, los de los ricachones se mueven con elegancia y maestría. No se meten con nadie, solo salen a recorrer su tierra. El problema, son los muertos que no se llevaron jamás a un cementerio o los que se han podrido en las calles; Según cuentan: Ellos, te dejarán sordo con los estridentes gritos y lamentos. Ellos penan… todos los muertos, en Cúcuta penan. Cóndor tenía nervios de acero. Se paraba inmóvil a contemplar el horizonte, dónde únicamente la Luz aciaga permitía contemplar tumbas y lapidas… - ¡Allí estábamos! ¡Entre los muertos, seguros de los vivos! Y yo, tenía mucho pánico y creí que esa era la causa de mis alucinaciones… Aunque cerrara con más fuerza los ojos, se me hacía inevitable volver a abrirlos y curiosear. Entre los dedos semi abiertos de la mano que tapaba mis ojos, alcazaba a reconocer siluetas en la distancia… Un funeral, un ataúd negro, señoras vestidas de negro y con velas blancas rodeando el ataúd… Hombres de sombrero, sonrientes y departiendo frente a las tumbas… fumando… No, estos no eran zombis, ni muertos vivientes, ningún virus que erradicó a la humanidad. Eso se lo dejo las películas… Claramente eran espectros. Un segundo plano de la existencia –Y razoné- La noche, dejó de ser noche para revivir con sus sombras el mundo de quienes soñaron y ayudaron a construir sueños… Entonces, Recordé que alguna vez fui creyente y recé algo parecido a un Padre Nuestro y un Avemaría. Y en mi mente se proyectó el recuerdo de abuelos, “la mama Toña Velandia, la mama Pacha Soto, los nonos Epifanio Villamizar y Cayetano Rueda. ¡Claro! Dije en voz alta. El primo Dani estaba aquí, él fué el primero en morir entre los 43 primos. él gozaba de salud y juventud, era un deportista, sano, fuerte de tan sólo 16 años. De un momento a otro enfermó y se fué. mi tia materna resistió la crueldad de la vida y no se dejó derrumbar, la mejor lección me la dió con su ejemplo... la tia Isabel, hermana de mi madre, perfectamente podría haberse ahogado en la desesperación, Dani era una promesa, su hijo menor, sus ojos... pero ella, levantó la cara y abrazó la vida con la llegada de sus nietos. Los restos de mis abuelos y mi primo se encontraban sepultados juntos en este mismo lugar. Susurrando dije: ¡CONDOR acompáñeme!... Y nos movimos con sigilo, recordando el desplazamiento de la instrucción en la organización, para que no nos vieran los espectros. A tan solo cinco metros frente al lugar donde nos encontrábamos la primera vez, se hallaban los sepulcros de mis familiares y como buen par de huevas, recorrimos hora y media el lugar para encontrarlos. Una vez frente a ellos, no pude contener la lluvia de mi corazón. – ¡Me dieron por muerto CONDOR! –Grité - ¡Para ellos estoy muerto! y hubo silencio, un silencio que consolaba mi llanto, un silencio fúnebre... El mundo… mi mundo giró. Lloré con desespero, cual chiquito extraviado. No podía perdonarme al no haberles dado cristiana sepultura a mis hermanos, ni a mis padres… en cambio, ellos sí, por lo menos simbólico para conmigo. únicamente habían grabado mi nombre Julio Cesar Villamizar Rueda, 12 de noviembre de 1979 – x-xx-2014. La ira carcomía mis entrañas por no haber estado con ellos. Me lamentaba por no saber en dónde se hallarían sus restos para poder rendirles tributo como se lo merecían; entonces, con una piedra escribí sus nombres junto al mío y Luego de leer y releer mi epitafio que decía “hermano, soñador... te amaremos por siempre” Lloré, hasta cerrar los ojos y quedarme dormido sobre mi lecho. A la mañana siguiente, CÓNDOR, por supuesto como era costumbre en él ya estaba despierto, y a la hora en que abrí mis ojos, me señaló el paquete al que solo le quedaba sólo un cartucho, ¡el del desayuno! Después de agotar la última existencia, cruzamos la avenida para husmear en el terreno frente al cementerio donde según mi memoria, solía haber una huerta en la que probablemente hallaríamos lechugas, zanahorias o tomates. Habitualmente después de la visita al campo santo, mamá compraba estos a un precio más económico para llevarle a camada 8 conejos, 6 Curies y tres tortugas que teníamos como mascotas. pero en su lugar habían edificaciones en ruinas y abandonadas. Definitivamente yo estaba delirando al creer que en esta época y con la soledad tan abrumadora, en este lugar iba a encontrar por lo menos pasto verde - ¡Que estúpido! - me dije desconsolado, CÓNDOR asintió la autoflagelación con el ceñir de su mirada burlona e irónica - Vámonos a casa – dije. Y retomamos nuestra marcha.

El tanque, capitulo 2

Ese primer día, estuve perdido, las personas me evitaron con desaire, hasta un perro se orinó en mi espalda cuando me recosté sobre un andén -chite- grité y Lo espanté con una piedra; me dolía la cabeza, pero ya no habían guardias y valían huevo... estaba hambriento igualmente exsaltado. llegué a una esquina cubierta por neblina y mi mente deseaba que fuera de humo de arepas rellenas... entonces una mujer alta, extremadamente alta “creo que alcanzaba a medir 1 con 90, llevaba cargada a su espalda lo que parecía ser una guitarra que contrastaba con su esbelta figura. se veía Cansada, abstraída, ida, pero consciente de su entorno e inesperadamente “me orientó”: –Bucaramanga mano. Lo veo mal ¿A qué juega? – me susuraba, me preguntaba, pero el hambre y la desolación no aceptaban coordinar los pensamientos. Caminábamos sin rumbo. Perdidos en medio de todos, sumergidos en la nada. Al segundo día me recosté asustado en la esquina de la 45. he contemplado con mis propios ojos a personas extrañas “de otros mundos al parecer” pues sus rostros, peinados, ropas, voces y hasta sexo me confirmaron ciertas las historias de don Ezequiel, “el profeta de la prisión” Quien aseguraba haber sido raptado por especies de otros planetas o dimensiones paralelas y que de vez en cuando se comunicaban con él. Me senté en el suelo confundido, hambriento. CONDOR acurrucado me miraba insistente en continuar la marcha, el cansancio y el sueño me dominaban. Otra mujer a quien cuyos huesos sólo les cubría una fina capa de piel, se me acercó quebrando con el viento su cadera. Era horrible y parecía más un ejemplar extraído de ultra tumba con motor que, realmente una mujer viva. Sus ojos grandes, ocultos y saltones empezaron a tomar forma a medida que se acercaba a la Luz del faro de la esquina. Me miró como si me conociera de toda la vida. Encendió un cigarro al llegar a mi lado. Sacó un juego de cartas más un duro trozo de pan de su carteron dorado– para que coma – me dijo – Mientras yo le leo las cartas- Cómo negarme a semejante oferta que me hacia la cadavérica presencia. Sin preguntar ni parpadear le arrebate la oferta de sus manos y le devoré en un santiamén, me lo comí todo y “yo sólo” porque CONDOR no quiso. Nunca desde que lo conocí le vi probar bocado. Al otro lado de la calle había otro grupo de lindas mujeres quienes llamaban a gritos a la curiosa señora. Gritos fuertes con tono masculino - ¡Maga! ¡Maga! muévalo, ¡Maga! apúrese mamita – La maga cual pitonisa me descubrió el alma y habló de mi vida pasada, presente y hasta de la futura. Flaco, usted está pecando - me dijo - mientras se abstraía más en lo profundo de su cigarrillo sostenido con la mano derecha– lo miraba firmemente, y su mano izquierda reposaba en su pecho. No le entendía ni jota, pero me pareció interesante lo que murmuraba. - Usted tiene una cita con el destino y la está evadiendo –Continúo – Su hermano- silenciosa me miró a los ojos, y las palmas de mis manos, las uñas, me desnudó las muñecas y nuevamente le murmuró al cigarrillo – Umh ju, si señor, esto está más que claro. le debe una promesa a su hermano No la entiendo – ¡Sí! ¡claro que sí!, en sus ojos se ve con claridad el deseo de cumplir un sueño, pero dejaste algo que debes recuperar. - ¡En el tanque! “Pensé” y pregunté - ¿en el tanque? - Solo usted lo sabe - respondió. La Maga encendió otro cigarrillo con la colilla del que estaba fumando y me regaló otro trozo de pan – tome muchacho, para que coma por el camino. Y cumple con tu cita- Me dió la espalda para alejarse y sin mirarme, dijo: –No se preocupe por plata, no me debe nada- Y se marchó con sus amigos o ¿amigas? confundiéndome aún más. Guardé silencio hasta casi las tres de la madrugada, sin cerrar los ojos fumaba de las colillas tiradas en el piso. Pensaba, ido, añorando, con temor y desconsuelo pero con la alegría de que todo iba a estar mejor. NO soy de aquí, No conozco a nadie aquí, Debo regresar – CONDOR – me miró con una sonrisa y volteó la cara a la luna en el horizonte, -EL TANQUE – dije, y él sonrió asintiendo con la cabeza… Una breve pausa nos motivo a inhalar profundo para aventurarnos en nuestra maratónica odisea. Horas más tarde contemplábamos desde abajo, “EL PICACHO”, ¿subimos a pie? ¿Aún a costo de arriesgar nuestras vidas al desplazarnos en medio del peligro? ¿Y a pie? Bueno Hace ya mucho tiempo no sabía nada de mi noble y Leal Capital del Norte de Santander “Cúcuta” portón de la frontera, mi tierra adorada; Aunque unos cuantos viajeros y las noticias, me habían mantenido al tanto de la mala suerte y la cruel tragedia que allí se respiraba.

El tanque, Capitulo 1

Mi aventura vive una vez capturada la atención de quien lee estas letras… En este caso: “Tu atención”… o ¿la mía?... Quizá sea usted, quien ha tomado vida en cada silaba de este texto y haz logrado dibujar con tus propios pensamientos: cada palabra que se reescribe con cada mirada al leer este texto, ¿Confundido? lo estuve… o quizá tomé vida con tu pensamiento y ahora vivo creyéndome el autor. Aquí el oscuro frío de la noche invade libremente los rincones de mi habitación, frío que traspasa sin consentimiento alguno las sabanas para luego, acariciar mi cuerpo en tanto entra en mis venas. Parece como si fuera el peor de los virus que quisiera darme por muerto; y azota sin cordura ni reproche los recuerdos que quiero conservar intactos. Me amenaza con violencia, y me toma por el cuello para no permitirme apreciar las Imágenes eternamente cíclicas, frescas y vigentes en mi memoria… Otra noche y abrazo contra mi cara el esbozo de almohada curtida, ese tumulto de trapos enrollados, y cocidos entre sí, artículo que sirvió para apoyar las cabezas de quienes me precedieron y sus color se camufla con la pared y el piso. De ella se destila un aroma sepulcral pues ha sido perfumada por un rancio hedor que deja el sudor al secarse con el polvo y el pasar de los años... una vez más la abrazo y lo recuerdo a él... Dario... y los granos de azucar empañados brotan del sol oscurecido... y llueve afuera, llueve adentro, llueve en mi alma- suspiro- y grito ahogando mis palabras- grito en mi corazon, grito en silencio- Perdóname Darío ¡Por no regresar! Otra noche, otra más y de nuevo el silencio, toca y entra para quedarse hasta mañana. El silencio, suave silencio me permite observar la nada en la oscuridad y mi mente divaga pensando en lo que estoy pensando y que no debo pensar, y me abstraigo y me pregunto ¿estaba pensando? –¡SÍ!, PENSABA EXACTAMENTE EN VOZ ALTA: PENSABA EN CÓMO VER LO ESTABA PENSANDO Y ME DOY CUENTA QUE PENSABA EN ELLO. afortunadamente no estoy sólo aquí, me acompaña el viejo CONDOR, quien se sienta a mi lado todas las noches y me escucha. A él le encanta escucharme y mí me fascina resucitar con efusividad la anestesiada y moribunda palabra. En este desierto lugar: Ella, la palabra es quien nos da aliento para tolerar las amargas visitas de los guardias y cubrir los espacios en el vacío del encierro - a la fecha no he protestado por que no me han torturado como lo hacen con esas personas quienes gritan todos los días, Pobres…ellos también sufren lenta y cruelmente esta pena. Creo que al cantante de la celda adjunta ya lo obligaron a colgar los guayos. Don Ezequiel, "Quien era un hombre de piel oscura y abundante barba nos contaba continuamente de sus visitas a amigos y esposa en otros planetas” Él, nos confirmó la forzada desaparición del monstruo de la melodía - lo mandaron a colgar los guayos - dijo - ¡Claro! (pensé) ¡Por eso no lo volvimos a escuchar!- Los molestos alaridos que producía al cantar vallenatos, en su ausencia se hicieron sentir, tornandose memorables; por supuesto que nada más en su ausencia, al igual como le suele suceder a todas las gentes, justo ahí descubrimos su valor - ¡Pobre! El hombre no cantaba mal. “Lloraban los muchachos, lloraban los muchachos lloraban los muchachos cuando di mi despedida yo sali del alto, yo sali del alto, yo sali del alto de la india Maria... ¡Esa sí me gusta! – Vuélvala a cantar Carlos Vives … (Entonces el cantante callaba tan repentinamente como le recordaba) luego de un gruñido y una breve pausa murmuraba: -Alejo- ¿Qué? -preguntaba yo - ¡Alejo idiota! - respondía airado - Esa canción es de Alejo Durán - Jajaja- yo reía porque a Carlos Vives le recordaba como escalona debido a la telenovela y fue precisamente una versión de los clásicos de la provincia que me gustaba, así me enamoré de la letra... Pasados los días compredimos por el aterrador silencio que al cantante de la celda adjunta no cantaría más. Y no volvió a sonar, tan solo quedó su voz eterna golpeando las paredes de mi cabeza cuales gaitas y tamboras andinas. dinos cuando vuelves, dinos cuando vuelves dinos cuando vuelves y nos dará consuelo. De repente, el Cóndor me advertía de la presencia enemiga y yo fingía dormir para que nos dejara en paz. pero nuestra estrategia era inútil, pues nos habíamos ganado el boleto sin comprarlo- ¿Otra vez ha dejado la comida sin probar? – Me gritaba un gordo barrigón y ojeroso, el mismo guardia quien abría y entraba a golpes en la celda frente a la nuestra. Al chico que allí dormía, le arrancaba lágrimas y ahogaba sus gritos sin clemencia. Cuando el pelado llegó, gritaba y suplicaba por ayuda que nunca llegaría, en su lugar se ufanaba vioctorioso el síndrome de Estocolmo y con el tiempo esos gritos de dolor y llanto, fueron reemplazados por picaras sonrisas y lamentos de placer. - Si se quiere morir ¡hágalo! Bien que le hace a la sociedad. suicidate, ¡Pero hágalo rápido imbecil!... –Y golpeaba con una macana blanca las rejas de nuestra celda . CONDOR deseaba golpearlo pero se contenía al igual que yo, mientras el guardia continuaba insultándonos. Quienes llegaban nuevos al gran cinco estrellas, debían acostumbrarse, a las malas. En mi caso, el primer día que me molestaron los guardias, hablé directamente con el comandante y en la noche me dieron una paliza extraña, digo extraña por que no me dejaron moretones pero sí quedé bastante adolorido. A la mañana siguiente los acusé con el director, el cual hizo caso omiso a mi queja; entonces, me enfurecí y los mandé a comer mierda. Por supuesto que después de semejante espectáculo, volvieron a molerme a palo y me encerraron quince días en el calabozo, hasta que una señora hermosa, de ojos encendidos, esmeraldados, a quien llamaban doctora, me sacó de allí prendido en fiebre y me llevó a la enfermería. Ella, se parecía a CÓNDOR en cuanto le encantaba escucharme; además la damita, también era bonachona y empesó a llevarnos a un jardín todos los martes por la tarde. pero como al picado de culebra las lagartijas lo asustan y nosotros no eramos la exepción; No confiabamos en ella al principio. Pasaron los martes y más martes... ibamos tanteando el terreno y al sentirnos en confianza con la doctora, empezamos a quejarnos por los abusos de los guardias. ¡Ah! que alivio; Ella sí los reprendía –Ella sí tomaría cartas en el asunto; Entonces la señora nos daba algún dulce para que lo degustáramos al tiempo que salía en busca del pabellonero para hacerle el respectivo llamado atención ¡y lo hacía con dureza!. El condór se enamoró, pero ella nunca hablaba con él, sólo conmigo. A él lo invadían los celos y los ocultaba tras la indiferencia ante el tema y callaba. Él no me lo decía, “por respeto a nuestra amistad”; Creo que él pensaba que yo no me había fijado en ello, ¡Pero yo sí lo sabia! A pesar de eso, él se quedó conmigo y no me abandonó. Además, nadie hablaba con él, solo yo. Él, Era como un fantasma para el resto del mundo, eso tampoco le importaba, ya se había adaptado a vivir con ello. - Háganos el favorcito, mátese que ya huele a podrido- Me seguía diciendo el guardia, y yo me hacía el desentendido, “como si no fuera conmigo”. Eso lo enfurecía más y el mal oliente guardia abría la celda para entrar a golpearnos; hasta que una noche, nuestro ángel de la guarda lo sorprendió en el acto y por primera vez consideraron ciertas nuestras suplicas. ¿Que esta sucediendo Gonzalo? - Gonzalo se llamaba el hijueputa…, ¡Tirano!. Troglodita… - Nada doctora, nada- le contestaba esa noche asolapado al ser sorprendido por la doctora. Al siguiente día lo trasladaron o expulsaron y fuimos felices, al fin nos olvidaríamos de sus ojeras y cara depravada; Pero la voz que anunciaba la causa de su ausencia se coló en todos los rincones y enaltecía la frente por los pasillos; entonces, los guardias mostraron la solidaridad de compañeros y el hombre que vino en su reemplazo resultó peor que el anterior. No tolerábamos más. No estábamos dispuestos a continuar con la zozobra de no saber nada sobre nuestra situación; Fué así que decidimos diseñar en secreto un plan de fuga con CONDOR. Los martes, la doctora nos dejaba sentados en una de las bancas del jardín, allí no había mucha seguridad. Estudiamos detalladamente el lugar y decidimos escaparnos con un plan estupido pero coherente. Saltariamos el muro a la hora de la media tarde, a plena luz del día. A esa hora nadie se espera una fuga, estaba muy fácil. La mayoría del personal hacian siesta, quienes estaban de turno los seducia la hora boba y algunos pocos guardias daban rondas en los dormitorios, pero se iban para el pabellón de mujeres, Mientras los señores que vestían de blanco no daban cara. Acordamos con CONDOR huir al tiempo; si nos sorprendían, las consecuencias de nuestra recaptura podrían ser tolerdas en equipo. Aquel martes todo era igual, a las 5:00 am empesaban a golpear los barrotes y todos debiamos correr a las duchas para salir al patio; la brigada de aseo no dejaba regresar a nadie a las celdas sino hasta depues de la contada. el mismo alboroto se colaba desde la entrada al pabellón -¡las pipas- las pipas! Así se le reconocía a las comidas que llegaban de los ranchos y los rachos porsupuesto eran las cocinas y los rancheros los cocineros. El desayuno podría ser un trozo de pan con queso y agumiel con leche; otros dias una galleta con chocolate, o un huevo cocido... Bueno, pero aquel martes todo iba normal, al llegar la hora de la contada todos formabamos en parejas uno tras del otro en fila por el perimetro del patio y un guardia contaba señalando con la macana. el sol areciaba bochorno, seco y sin aire... ese martes danzaba la pereza, todo se veia igual, las palomas del patio- los lamentos de los tristes y abandonados... los pasillos taciturnos y enmudecidos, el patio secuestrado y abandonado... ese martes nos sentamos en la misma banca... sacamos los dulces que nos daba la doctora, miramos al sol sin gafas oscuras... ese martes miré al condor extasiado con sobredosis de adrenalina le sonreí -No hay de otra – dije – Corra condor - él sonrrió - Corra me dijo -A la primera oportunidad corrí y corrí hasta el muro, CONDOR corría tras de mí y me alentaba – ¡Corra! ¡Corra! .... ¡corra marica que no nos vieron! y Saltamos el muro y la libertad Con una señorial venia, nos saludo aquella tarde. Pensé, una vez afuera, que el atrevimiento nos resultaría más difícil, ¡pero no!, si lo hubiese sabido por lo menos habría traído conmigo algo de comer. - Marica que chimba- tengo susto – mierda -¿tan fácil? – ¿Así no más? ¿Tanto padecimiento en esa ratonera para salir así no más? ¡Tanto aguantar esas gonorreas! ¿Por qué no lo había decidido antes? ¿Por qué tanto tiempo? - Y lloré – y corrí y corrí y lloré Buscamos refugio lo más pronto posible, No sabíamos en dónde carajos estábamos, pero estábamos felices, motivados como el niño que encuentra su juguete favorito extraviado. ¡Eramos libres! Y aun así, corrí sin mirar atrás.